Las clases sobre crianza, ¿en qué año las daban?

Estás embarazada, ¡genial!. Ya eres madre, aún no ha nacido pero hay algo que sí lo ha hecho, la duda. La duda nace al mismo tiempo que descubres que estás embarazada, bueno, nació antes si lo estabas buscando hace tiempo la verdad, pero en realidad la duda como tal se instala en todas las madres, da igual si ha sido antes o después porque aparecer aparece.

Y bien, estás tú, con tus expectativas, creencias, lecturas, opiniones y fan incondicional de ciertos autores o pediatras, tan segura, tan fuerte, tan mamá. Y no cuentas con que sutil pero vorazmente surge otra tú, la otra mamá, la insegura, la dudosa, la que tiene miedo, la que no lo ve claro, la que pregunta, la que busca en internet, la que… solo sabe que no sabe nada.

Y es que déjame que te pregunte algo que ya sé, pero permíteme, dame el gusto mujer…

¿Tú diste clases sobre crianza en el instituto o la universidad?

Y sí, la respuesta es NO. Hemos aprendido a sumar pero a criar a otro ser humano no. Aunque samos sinceros primero deberían habernos enseñado a criarnos a nosotros mismos. Y es que en materia de educación ahora están aplicando un poco aquello que hace mucho se descubrió pero no parecía importante: inteligencia emocional creo que lo llaman.

Déjame decirte que realmente me divierte visualizarnos a las madres como a dos personas distintas. Te las presento:

La MAMOSA: viene a ser una mamá oso, con su fuerza, empuje, marcaje de límites a los demás y a sus crías, etc.

La DUDOSA: esa mamá que no sabe si lo hace bien, que duda ante las batas blancas aunque le digan algo que ella sabe que es de los años 20, que no encuentra respuesta y escucha consejos no solicitados sintiendo a la vez mareo y nauseas.

La maternidad es esa asignatura que solo puede aprenderse mediante la experimentación o la práctica vivencial de la misma

Pues sí, en este post quería hablarte de tus dos “yo como madre”; puedes tener más de dos eh!, no voy a ser yo quién te limite. Pero para no liarla quería centrarme en esas dos tan extremas. Porque las que somos madres ya un tiempo sabemos que hemos pensado o incluso dicho en algún momento “Yo no haré eso como madre” y luego nos hemos tenido que callar.

La duda, fuera bromas, es algo muy dañino en la maternidad, porque es la antesala de la culpa. Si yo dejo que la duda me acompañe demasiado y se ponga cómoda lo que sucederá en mi interior será que empezaré a tener pensamientos negativos sobre mí y a sentirme culpable cuando las cosas no sean como yo soñé o imaginé y créeme que no siempre las cosas son como deseamos ni aun haciendo lo mejor o lo correcto.

La duda además a nivel cerebral puede bloquéanos y hacer que no tomemos ninguna decisión o acción por lo que nos mantendría estancadas sin progresar ni avanzar en nuestro aprendizaje como madres. Aunque la peor forma en la que nos puede afectar la duda es cuando esta directamente se mete con nuestras creencias como madre, sobre cómo de valiosas somos como madres.

Y es que la maternidad es esa asignatura que solo puede aprenderse mediante la experimentación o la práctica vivencial de la misma. No importa los libros, lo que creas saber, cuando eres madre se despierta todo un mundo interior complejo al que acceder, cargado de recuerdos inconscientes y vivencias que son solo tuyas y de nadie más. Por ello cada maternidad es diferente y única aun cuando tengan muchas cosas en común. El único modo de saber cómo te afectará escuchar a tu bebé llorar durante horas, es escuchar a tu bebé (no a otro, bebé o a un audio, al tuyo, a ese que has traído al mundo y que está fusionado contigo emocionalmente).

Así que, puesto que hay dudas que no podemos resolver o no podemos ver resueltas a corto plazo, lo mejor que podemos hacer como madre es reducirlas mediante aprendizaje, minimizarlas con la experiencia vivida e ignorarlas cuando no hay forma de poder darles la vuelta.

Un fuerte abrazo de mi Mamosa Dudosa a la tuya,

Sabina

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